5. Evolución del menor: cambios, dificultades.

 
  • Los técnicos nos dicen que la evolución del niño es muy positiva, muy grande y muy poco esperable al comienzo del acogimiento.

  • Para nosotros oírlo (y, cuando podemos, creerlo) es una satisfacción muy profunda.

Aquí está la parte gratificante.

  • Nosotros lo queremos creer y lo creemos, pero en la vida diaria las cosas son más áridas y lo son de modo bastante habitual, los cambios son tan lentos que es difícil distanciarse, tomar perspectiva y poderlos apreciar.

  • Durante los primeros años todo fue más fácil y más agradable. Era un nene bueno con sus preculiaridades y sus problemas. Fue la época de adaptarse a nuestra familia y todos a una situación nueva, y hubo mejoras muy obvias.

  • Posteriormente (hoy es ya un preadolescente) las cosas (la vida, su vida) parece que necesariamente se complican: la exigencia escolar, crecer e ir asumiendo pequeñas (para él no tanto) obligaciones, encajar su historia personal y familiar, el deseo (y la muy remota) posibilidad de volver con sus padres, los porqués de tantas cosas que un niño no puede entender (por qué no sé nada de...; por qué no me quiere...; por qué si dice que me quiere,...).

  • En todos los aspectos que he comentado anteriormente (y en otros que no he comentado) las cosas han mejorado, lentamente y con altibajos.

  • La simple fantasía de que el niño hubiera pasado estos años en una residencia es devastadora. Estamos convencidos de que en este sentido el acogimiento ha sido radicalmente beneficioso para él y de que hay una persona en camino.

  • Sabemos que nos quiere más que ayer pero (probablemente) menos que mañana.

  • También que, a pesar de que la realidad apunta como muy improbable que pueda suceder, él querría vivir con su padre y su madre, dice que los quiere más que a nosotros y podemos hablar de todo esto porque él siente que es así y de todo esto se puede hablar porque a veces la vida es así.

  • Dificultades actuales:

    • las ya mencionadas, en general la lentitud o las limitaciones para maduración afectiva e intelectual.

    • la perspectiva de un niño con dificultades serias para convertirse en un adulto autónomo.

    • La responsabilidad asumida (¿hasta los 18 años?), la inquietud por las fuerzas y los apoyos futuros para paliar las dificultades a afrontar.