4. Vivencias de la familia en el acogimiento. Fases, dificultades, cambios, conflictos, satisfacciones.

 
  • Durante unos dos años tuvimos habitualmente la sensación de que las cosas marchaban bien (los técnicos hablan de un período de “luna de miel” que se da frecuentemente. Probablemente se explica por el asentamiento progresivo de un sentimiento de seguridad (en nuestro caso muy primario) y en la ausencia por aquel tiempo de relaciones con la familia natural. El niño probablemente tampoco las quería entonces.

  • A pesar de lo anterior fue resultando muy difícil de asimilar y comportarnos en relación a su falta de organización mental, sentimental, de la voluntad, el deseo,… la personalidad.

  • Durante un tiempo nos venía a la cabeza el “blandi blu” , una sustancia-juguete gelatinoso que hubo por esa época. Sin estructura aparente, ni frío ni caliente, se adapta y se pega a todo, más bien inerte.

  • Durante mucho tiempo, y aún en gran medida su muy principal eje de comportamiento era el deseo (muy primario) y la gratificación inmediata . La explicación de los comportamientos que nos veíamos en la obligación de comentar o pretendíamos corregir era y es el deseo (- ¿por qué …?. - Porque quería). De resultas, tiene una tendencia muy seria a “hacer lo que quiere”. ¿Qué quiere? Lo que quiere ahora. ¿Para qué? No se plantea. En ésto no estoy haciendo valoraciones éticas. A él le va costando mucho irlas haciendo. También le cuesta mucho hacer valoraciones de las consecuencias de lo que hace (riesgos, frustraciones, castiguillos, decepciones para otros, deterioro de relaciones personales,…). A veces hace esas valoraciones, pero el deseo de lo más nimio es suficientemenete más fuerte.

  • A pesar de que hablaba más que suficientemente, le costó meses aprender (recordar) y usar nuestros nombres. Menos en mi caso, más en el de la “madre” y mucho más en el de las hermanas. También en el caso de su familia natural. Aún hoy es habitual que no recuerde los nombres de personas que deberían ser significativas para él.

  • La capacidad de percibir o valorar el tiempo es todavía hoy muy escasa.

  • Buscaba y sigue buscando los resquicios por los que su ¿mejor, más tranquila, más fácil? relación conmigo posibilitaba sus apetencias. Probablemente movido por el deseo de ir haciéndose un sitio dañaba sucesivamente y de diversas maneras su relación con Pili, su “hermana” pequeña, y su “hermana” mayor. A veces esos ciclos parecen repetirse.

  • Durante unos cuantos (e interminables) años “saltaba” de modo acelerado en la cama por la noche haciendo ruidos como siseos o silbidos. Con alguna frecuencia tenía pesadillas nocturnas cuyo contenido no hemos podido conocer nunca. Todo esto aún sucede muy esporádicamente.

  • Recogía y recoge cosas y cositas, se apropia en casa, y alguna vez fuera de lo que no es suyo, usa sus juguetes, libros, los objetos que probablemente aprecia, recibe sus regalos,… y todo ello va siendo poco a poco manipulado, despiezado, amontonado, convertido en masas de organización no reconocible.

  • Durante mucho tiempo sus momentos de aparente felicidad venían determinados por la alimentación. La nevera, la despensa, hacer la compra era la felicidad, han traído a casa la compra qué bonito.

  • Es un niño muy poco permeable. Cuesta saber lo que piensa o siente. Cuesta a menudo creer que piensa o siente.

  • La capacidad de autoobservación, análisis de sí mismo, y empatía para con los demás es muy baja.

  • Los daños que el niño tenía, principalmente los relacionados con la falta de atención y estímulo, era bastante severos.
 

¿Cómo se vive?

  • Con dificultades. Con fases mejores y peores en el comportamiento del niño provocadas por variables que uno desconoce que inducen fases mejores y peores en la convivencia familiar.

  • Con temporadas más o menos largas (más en el caso de los adultos) en los cuales uno se siente muy lejano afectivamente del menor y EL AMOR QUE TODO (¡no!) LO PUEDE ni siquiera parece quedar a mano. Conviviendo con mala conciencia y erosiones en autoestima con sentimientos incluso de repulsión hacia lo que uno no está preparado para sentir de otra manera. Sacando el AMOR del cajón de los deberes y recordando cuando puede que si hubiese algún responsable de lo que repele, duele,… no es el niño.

  • Con esfuerzo. Con paciencia si se tiene, si no resulta urgente conseguirla.
    Hablando con todas las partes (con el niño también).

  • Con compañía, apoyo y ayuda especializada.

    • La pareja resulta un apoyo inestimable para el reequilibrio mutuo. A menudo tenemos la fortuna de vivir en distinta fase (la pareja es de corriente alterna).

    • También tenemos la fortuna de tener a nuestras hijas (ellas van en corriente continua), que en todo este tiempo han sido un elemento valiosísimo porque sólo son responsables de sí mismas (lo son bastante), aportan naturalidad, inocencia, se relacionan con él con total franqueza, está claro que se quieren y tienden a convivir con la parte buena de las cosas. Lo mismo (en otra medida) nos sucede con el resto de nuestra familia (extensa) con la que tenemos un trato frecuente.

    • Los servicios de apoyo también prestan un imprescindible para digerir, relativizar, reajustar expectativas y tiempos de evolución esperables, orientar nuestra actuación, escuchar, reorientar su actuación y con suerte (nosotros la hemos tenido) tener un apoyo y una sintonía personales im prescindibles (en dos palabras).

    • El trato con otras familias acogedoras (la así llamada asociación, somos pocos) también nos ha aportado un apoyo indispensable. Además de hacerlo en cuanto al mejor entendimiento de la situación, nos ha aportado buena parte de lo que más necesitábamos: compañía, cercanía personal, buen humor, muchas risas, las satisfacciones que nos damos los que sabemos de lo que estamos hablando veamos en los niños y niñas de los otros los cambios, las mejoras, lo majos que están, ver un grupo de niños que parecen felices cuando nos juntamos.

    • Aquí está la parte gratificante.