Convivir, a veces durante períodos
demasiado prolongados, con los propios sentimientos
de repulsión, desafecto o indiferencia. Seguidamente y con
urgencia,
-
librarse y librar al niño
de culpa
-
llamar a la razón, a la
voluntad y a la paciencia, recordar los deberes y las responsabilidades
-
buscar eso del amor por los rincones
y pedirse hacer lo que hay que hacer, volver a mostrar amor
Tener la perspectiva necesaria para
no claudicar al enésimo tropiezo en la misma piedra, poder
ir interiorizando (no sólo entendiendo) lo que es posible
y lo que no, y a qué ritmo se puede esperar, ver los cambios
y los aspectos positivos.