2. El proceso de valoración, la formación, la espera hasta el inicio del acogimiento. La familia va preparándose.
EUSKARRI
BIZKAIKO HARRERA ELKARTEA
ASOCIACION DE ACOGEDORES DE BIZKAIA

2.1. El proceso de valoración

Lo vivimos como algo necesario, exigente y hecho en nuestro caso con la delicadeza que exige poner el ojo en las vidas ajenas.

 

Creo que lo anterior es válido en la mayoría de los casos, pero sé también que hay acogedores que se han sentido “juzgados” como personas en relación a un “perfil aceptable de acogedor” que desconocían. Probablemente pesan entre todos nosotros algunos prejuicios y experiencias que aconsejarían dejar previa y suficientemente claros y conocidos los famosos principios de no discriminación en función de club de paddle, religión, sexo, estado civil, si se vive sólo o en compañía, …

Y que de lo único que se trata es de garantizar capacidad suficiente, dedicación y estabilidad.

 

2.2. El período de formación

Para nosotros fue útil, interesante (hasta divertido) y rico en información e intercambio de experiencias con otras familias.

 

Ha habido algún caso en el que (no sabemos muy bien si por alguna urgencia, torpeza o algo peor) el período valoración-formación ha sido muy somero o prácticamente inexistente.

Esto no puede suceder.

Las prácticas de valoración son imprescindibles para garantizar posibilidades de éxito (siempre relativo) en el acogimiento.

El período de formación es indispensable para que las familias puedan acometer el acogimiento con

  • expectativas razonables y fundadas en la formación y la realidad conocida, no en el deseo. Si no lo sabíamos ya, ahora también sabemos los acogedores que EL AMOR NO LO PUEDE TODO, A VECES SÓLO PUEDE UN POCO.
  • herramientas (informaciones, criterios) de las que necesitarán cientos de veces.
  • el inicio razonable de una relación razonable con los técnicos correspondientes.
 

2.3. La espera hasta el inicio del acogimiento. La familia va preparándose

Se nos propuso un niño muy rápidamente.

Desde el inicio de todo el proceso fuimos hablando de todo con nuestras muy naturales dos hijas (de 8 y 5 años por entonces) y, como ya nos conocíamos de antes, fueron asumiendo el asunto con naturalidad, curiosidad e inocencia. Las niñas son niñas, no son tontas (los niños supongo que igual).

A pesar de todo lo escuchado, hablado y comprendido, visto 7 años después, las expectativas latentes de que todo sea maravillosamente maravilloso, eficaz, gratificante, feliz y fácil, son mucho más altas de lo que uno piensa. La realidad se irá imponiendo poco a poco más adelante.

 

Hay casos en los que no es posible la adecuación a corto plazo entre “el perfil” del menor que algunas familias consideradas idóneas pueden o se comprometen a acoger y el de los menores para los que se está gestionando acogimientos.

Durante los primeros tiempos del programa de acogimiento hubo una cantidad no despreciable de familias (estamos hablando de un “bien escaso”) que en ese período de tiempo (a veces inevitablemente largo) se sintieron olvidadas. Esa sensación de olvido contribuyó en algunos casos a que sus vidas tomaran otros caminos y a que se retiraran del programa.

Probablemente hoy en día se hace el trabajo necesario para mantener la motivación y la vinculación de las familias en esos casos.