Se nos propuso un niño
muy rápidamente.
Desde el inicio de todo el proceso
fuimos hablando de todo con nuestras muy naturales dos hijas
(de 8 y 5 años por entonces) y, como ya nos conocíamos
de antes, fueron asumiendo el asunto con naturalidad, curiosidad
e inocencia. Las niñas son niñas, no son tontas (los
niños supongo que igual).
A pesar de todo lo escuchado, hablado
y comprendido, visto 7 años después, las expectativas
latentes de que todo sea maravillosamente maravilloso, eficaz, gratificante,
feliz y fácil, son mucho más altas de lo que uno
piensa. La realidad se irá imponiendo poco a poco más
adelante.